Camino un buen rato conmigo en brazos, y menos mal que lo hizo por que con el frió que hacia, si no fuera por su cuerpo me habría congelado.
Llegamos a la puerta trasera del internado y me dejo en el suelo, mientras el abría la puerta.
C-¿Donde estamos?-Pregunte entrañada.
M-Ya lo veras-Dijo, y consiguió abrir la puerta.
Me volvió a coger en brazos, ya que yo estaba descalza. Y de un empujón cerro la puerta y echo la llave.
M -¡No hagas ruido!-Me ordeno.
Estábamos en la cocina del internado, con los abrigos puestos y yo aun en bragas y descalza, me sentó en la encimera de la cocina y me dijo:
M-No te muevas. ahora vengo. Y desapareció cruzando el marco de la puerta que unía la cocina con el lavadero.
Al rato volvió con algo negro entre las manos.
M-Quieta.-Me dijo y vendó mis ojos con lo que parecía una venda negra.
Volvió a cogerme en volandas y me llevo a algún lugar, en el trayecto no pude averiguar nada, solo notaba la subida y a veces bajadas de escalones. Hasta que note un gran cambio de temperatura, todo estaba mucho más calentito y olía a cloro.
Miguel dijo:
M-¿Sabías que el internado tiene piscina climatizada para los profesores y el director?-Dijo, mientras soltaba una pequeña carcajada.
Me sentó, en lo que pude creer que era una silla. Y me quito la venda. No podía creer lo que veía, estábamos en una habitación con una piscina gigantesca, con velas rojas en los bordes y pétalos de rosa en el agua de está.
Se quito el abrigo y lo dejo en una de las sillas que allí había, e hizo lo mismo con el mio, yo aún estaba perpleja, no podía creerlo.
M-Bueno, vamos a probar el agua, ¿no? , que para eso te traje.-Dijo, sonriendo con esa sonrisa que tanto me gustaba.
Me levanto, agarrándome de la mano y me llevo hasta el borde de la piscina.
M-¡Esto es por lo de antes!-Y antes de que pudiera hablar me lanzó al agua.