3 de diciembre de 2011

Querido Diario:(Capitulo 21)

Volvimos al bosque Miguel y yo y estuvimos rodeando la piedra para ver si aparecía.
Entonces escuchamos una voz desde dentro de las rocas que parecía la de Serenia. De repente, salio de entre las rocas, diciendo:
S-¡Chicos, mirad lo que me he encontrado!-Dijo, alzado sus manos y en ellas había un pequeño gatito naranja, que no paraba de maullar.
C-Pero, ¿se puede saber donde estabas?; menudo susto me as dado.-Dije, dándole un abrazo.
S-Es que estaba mirando la roca, cuando toque aquí y se abrió.-Dijo, mientras empujaba una pequeña piedra, haciendo que una de las rocas abriera dejandonos ver una pequeña cueva.
S-Mirad, seguidme, que esta muy chulo.-Dijo, emocionada como una niña pequeña.
Entramos en la cueva y estuvimos andando un rato, hasta llegar a una escalera, que llevaba a una especie de cabaña en la que había una especie de sillón, a mi izquierda y en los pies del sillón había una cama para gatos, a mi derecha, había una especie de mini cocina con una mesa y sillas, también tenia una preciosa terraza que estaba justo enfrente mía.
S-¿A que es bonito?-Dijo Serenia.
M-¡Gua! ¡Nunca había visto algo igual!
C-¿Y quien vive aquí?
S-No lo se, pero esta bien escondido, y no parece que haya nadie. Esta todo sucio y lleno de polvo.
M-¿Esto a donde lleva?-Dijo Miguel, subiendo por una escalera que llevaba a una pequeña habitación con dos camas de matrimonio, una de ellas colgante.
De pronto, me acorde de las chicas, que habían ido a buscar al Director. Había que avisarlas:
C-Serenia, ve al internado y dile a las chicas que estas bien, que te habías desorientado y has encontrado el camino de vuelta sola.-Le dije a Serenia.
Dejo el gatito en su cama y se fue de vuelta al internado.
Cuando fui a buscar a Miguel, algo me agarro por la espalda y me dio la vuelta. Ahí estaba el que me dijo muy bajito al oído:
M-Por fin solos y sin problemas.-Junto nuestros labios y nos empujo, haciendo que calleramos los dos en el sofá de la cabaña.
C-Miguel, ahor. ahora, ¡No, n.no!- Dije como pude entre suspiros, mientras el me besaba el cuello.
C-Miguel, es. esto es. esta suci. sucio y las chi. chicas, van a venirrr.-Dije como pude de nuevo, mientras el con sus manos intentaba desabrocharme el sujetador.
El siguió, sin hacerme caso y comenzó a quitarme la camiseta, y yo sin poder resistirme, hice lo mismo con su polo.
De repente, escuchamos pasos por la escalera y rápidamente, cogí el polo de Miguel y me lo puse.
Aparecieron, todas las chicas y la imagen, que vieron fue: a Miguel, sin su polo y sentado en el sofá y a mi de pie, colocándome su polo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario