30 de octubre de 2011

Querido Diario:(Capitulo 1)

Hoy me encuentro enferma, parece ser que hay una pequeña gripe por todo el internado, mi amiga Serenia no enfermó del todo y le han dicho que debe asistir a clase, así que me tiré toda la mañana sola en la habitación y pensando.
Al llegar la noche me acordé de ir a ver a Kira. Kira es mi perrita, es una bulldog francés de un año que me llevé de casa sin que se enteraran mis padres, ellos piensan que se perdió, porque aquí están prohibidos los perros, por lo que la tengo que tener escondida debajo de la cama o bien, en una especie de baúl grande en el que le hemos puesto una especie de cama, Serenia y yo le hemos enseñado a no ladrar y portarse más o menos bien, el primer día que la traje pensé un plan perfecto para que ella pudiera hacer sus necesidades y esto fue lo que sucedió:
A partir de las once y media, que es cuando todo el mundo dormía, bajé por las enredaderas de la ventana de mi habitación, con Kira metida en una cartera a mi espalda; la ventana da al patio del internado, este patio es enorme, al final o casi al final de él, descubrí una pequeña caseta de madera que yo pensé que estaba abandonada, pero no a que no sabéis de quien es, exacto de Miguel, al ser el que limpia el patio le dieron una caseta aparte, así que el me descubrió con Kira, pero parece ser que le caí bien porque hicimos un trato, el no decía nada si le dejaba que Kira se quedara allí y el se comprometía a cuidarla, así que no tuve más remedio que hacer el trato si quería seguir viendo a mi perrita.
Al llegar la noche fui directa, como todas las noches hacia su caseta para ver a Kira, al acercarme a la caseta vi por la ventana como Miguel le hacía carantoñas a Kira, mientras le acariciaba la barriga, que tierno es pensé, pero al momento intenté quitarme esa idea; fui directa hacia la caseta y toqué a la puerta de madera decorada con el escudo del internado, seguidamente me abrió él y me miró con una sonrisa de oreja a oreja y me dijo:
M-Pasa, Kira te estuvo extrañando toda la tarde.
Le respondí con una sonrisa, entré y fui directa a acariciar a Kira, quien vino corriendo para que jugara con ella.
Miguel se acercó donde estaba yo sentada y empezó a acariciarla conmigo y en un pequeño instante nos miramos y no pudimos hablar durante un rato, hasta que él rompió el hielo:
M-¿Qué tal te encuentras? Me dijo Serenia que estabas enferma.
Desde cuándo este chico se preocupa por mí, pensé, qué raro... me había puesto enferma otras veces y nunca me había preguntado qué tal estaba, saliendo de mis pensamientos le respondí:
C- Pues la verdad ya me encuentro mejor, aunque aún tengo algo jodida la garganta.
M- Espero  que te mejores, me dijo con esa sonrisa encantadora que sólo él sabe poner.
Al pasar un rato charlando sobre nuestros gustos etc..; miré el reloj ya eran las doce.
C-Me debería ir, aún no he cenado y es tarde.
Me disponía a coger mis cosas cuando me dijo:
M-Si quieres quédate a cenar he hecho sopa y me ha sobrado, además mañana es sábado y no hay clase.
No me lo podía creer me estaba invitando a cenar a mí, a una chica de 16 años con la que casi nunca había hablado solo para intercambiar dos o tres palabras forzadas, pero qué le pasaba...

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